Francisco Barajas


La pregunta del día

Pregunta corta a quién corresponda, quizá a la Justicia: ¿Se pueden cambiar penas por metros cuadrados? Yo debo de estar en otro mundo diferente al mundo en que ya estoy, y porque no comprendo muy bien muchas cosas de lo que aquí ocurre… Y la pregunta obligada de todos los días al Gobierno del señor Rajoy y a las administraciones que se han comprometido: ¿Y cómo van las promesas a Lilly Marisol Cuá Puac y Marina Martínez, marchan…? Cambio novia antigua por dos novias nuevas que sean mucho más besuconas… ¿Es posible?

La Trónica

El Ayuntamiento de Granada es eficaz. Y aunque el caballo güevón no galope. El aire de Granada es tan eficaz que sirve para que los granadinos puedan respirar. Y aunque la polución que lleva en suspensión puede matar a los ciudadanos. Las habas verdes todos los años llegan eficazmente por primavera. Y a pesar de que las paletillas con las que se cocinan pueden ser de cerdos de variados pelajes. Los garbanzos sirven con una gran eficacia para hacer pucheros. Y a pesar de que también se pueden aderezar, los pucheros, con otros variados tipos de legumbres. Todo puede ser eficaz. Y los pipos de Fajalauza suelen hacer el agua fresca y eficaz. Una vez que un ayuntamiento es eficaz, la ciudadanía se puede echar a dormir políticamente, y porque esa Casa Bailía no le escatima ningún servicio. Una vez observé como volaba una bruja nocturna por el cielo de Granada. Era encantadora y llevaba una escoba que parecía un ciclomotor. Sus uñas eran de cristal. Sus verrugas tenían el color de la cereza. Su nariz era como la de una diosa griega. Tiraba con profusión desde la altura billetes de a mil de las pesetas de entonces. Y su risa era como la de los mandamás políticos. La bruja era como la lotería cuando toca a lo bestia porque se lleva un follón de billetes del número que ha sido agraciado con el premio gordo navideño. El Ayuntamiento de Granada está estabilizado políticamente. Y a pesar de que la formación política que lo gobierna, el PP, posee la mayoría absoluta. ¿Y por qué vivimos infelices los granadinos? No debería de ser así. Y ya que tenemos un ayuntamiento eficaz. Un aire eficaz. Habas eficaces. Garbanzos y pipos eficaces. Cerdos eficaces, Y una bruja eficaz que ahora tira desde la altura desempleo eficiente. Granada eficaz y muy enérgica.

El lexicón disyunto

Perrocandidatos: Los candidatos que nunca van en las listas electorales de los partidos porque hacen acampadas en las plazas aledañas de donde están ubicadas sus formaciones políticas y para protestar por la falta de democracia interna. Políticos sin pedigrí político. Políticos que ladran cuando se cabrean porque no van en las listas electorales en los puestos de salida.

 

Dialogismos

“La oposición”. La oposición municipal en el Ayuntamiento de Granada, según el alcalde, no es alta ni tiene capacidad ocular para mirar por encima de las ramas altas de una higuera. Y digo yo, que será porque no es espigada como su mamá y su papá. Será enana. No tiene una escalera para tener altas miras. Y asegura el alcalde de esta ciudad de higos chumbos como almendras garrapiñadas amargas, no lo aseguro yo, “que lamenta que no hayan tenido la altura de miras para comportarse como concejales del Ayuntamiento”. Y se refiere el alcalde de Granada, don José, a las edilas y ediles de la noble y leal oposición. A los concejales del PSOE, de IU y de UPyD. Bueno. Hubo una vez un alcalde con tantas miras, yo era pequeño, que se le pusieron los ojos como a los búhos al finalizar sus mandatos como Corregidor. Fue en tiempos del franquismo tardío, a punto de estirar la pata el dictador, mi padre me llevaba al Corpus, y por aquellos entonces todos los concejales eran de cartón piedra, machos con bigote como Viriato, con muy largas miras y del mismo color político.

Las Cenizas y el Viento

100

 

Tus cálidas palabras de amor,

tu paciencia con mis rarezas diarias,

tus caricias sobre mi piel abatida,

y aquellos endulzados besos tan bondadosos.

 

Jamás me sentí abandonado,

tus manos amadas me mecían,

nunca me abrumé perdido,

y tu bondad siempre fue amable y balsámica.

 

Vivía en tu singular jardín idílico,

arropado por tu calor especial,

amansado en mi fiera terrible interior,

y sujeto al encierro de aquella jaula metálica.

 

Nací pájaro sin nunca poder volar,

sin planear por los aires a diario,

entre los barrotes de la cautividad,

y con las plumas abandonadas en el encierro.

 

 

Relatos Iconoclastas (Asesinarse a sí mismo sin que parezca un crimen) (38)

Asesinarse a sí mismo sin que parezca un crimen

 

38

 

El mar era tan plano como una mesa. No se movía. Y su color era de un verde azulado que confería paz y tranquilidad. Ni una sola ola lo agitaba. Ninguna espuma blanca era visible. Desde la altura de aquel peñón, lo estaba observando en una mañana en la que el sol caía sin que sus rayos fuesen muy caloríficos. Un perro negro con lunares blancos corría y ladraba a la vera del rompeolas sin olas. Su dueño iba detrás de él con la lengua sacada porque intentaba correr a su par, pero sin conseguirlo. Y las gaviotas sobrevolaban el tablero de mesa acuoso y marino oteando a los peces para capturarlos. En aquel día, ni un solo barco navegaba por aquel mar tan aplanado como el tablero de una mesa.

 

Había salido del psiquiátrico poco tiempo atrás. Había estado ingresado en tratamiento desde quince años atrás. Atrás era un tiempo ya pasado. Y me habían dado el alta médica porque ya no notaban ni preveían ningunos signos negativos en mi comportamiento social y volitivo. Había sanado de mi terrible locura. Ya no estaba loco. Los psiquiatras ya no advertían ninguna peligrosidad en mí. Era un hombre sano mentalmente. Un ser humano al que le gustaba confraternizar con el mar desde las alturas. Un hombre nuevo que incluso observaba el mar cuando las olas eran crueles y azotaban la costa y los peñones. Un tipo algo huraño que pescaba en los acantilados. Un adorador del mar azul.

 

En el psiquiátrico me estuvieron dando palizas todos los días durante los quince años que allí estuve recluido. Me pegaban hasta dejarme sin sentido. Me daban una tremenda paliza por la mañana, otra al mediodía y otra antes de acostarme. Eran unas palizas brutales. Palizas largas y feroces. Y no me daban ningún tratamiento médico ni ningún régimen de medicamentos o de fármacos. Durante los quince años que estuve recluido en el psiquiátrico, ellos me estuvieron pegándome palizas bestiales. Y no sucumbí a estas palizas, porque solo pensaba en el mar. En que un día iría a vivir junto la mar.

Ahora vivo junto al mar, y ya nadie me da palizas. Adoro el mar más que al que lo creó. Lo adoro y lo reverencio, porque soy un pez que camina erguido. Esta es la conclusión a la que llegaron todos los que me pegaban palizas diarias durante quince años, que yo era un pez. Un pez que hablaba sin reír. Un pez que todos los días decía que quería nadar en el mar. Un pez que se moría lejos del mar.

 

 

Francisco Barajas